“Los emigrantes somos la solución”

Bernarda Jiménez, presidenta de Vomade-Vincit, con base en España, reclama campañas de sensibilización que permitan enriquecer los valores de la República Dominicana

(Santo Domingo, 23 de agosto de 2006) Bernarda Jiménez, presidenta de la Asociación Voluntariado Madres Dominicanas (Vomade – Vincit), con sede en Madrid, España, reclamó campañas de sensibilización que nos permitan, dentro de la pluralidad de la diáspora, enriquecer los valores de nuestro país”.

Al intervenir en el panel “Los efectos políticos y socioeconómicos de la políticas migratorias y la perspectiva de la diáspora y colectivos en los Estados Unidos y España”, del congreso internacional “Creando sinergias entre migración y desarrollo”, la doctora afirmó que “los emigrantes no somos una carga, y menos un problema. Somos la solución”.

Su exposición precedió a la que hicieron Juan Fernández, presidente de la Asociación Cultural Domínico-Española (ACUDE), quien habló de la realidad de los dominicanos en Madrid, capital de España, y Víctor Espinal abogado especialista en migración con base en Estados Unidos y quien habló sobre la importancia que tiene conocer la cultura del país al que uno emigra porque no necesariamente lo que aquí es normal lo es allí, lo cual puede provocar problemas legales.

A continuación, aspectos relevantes de la conferencia dada por Bernarda Jiménez:

Introducción.

La política de nuestra Asociación, durante los 17 años de existencia, ha consistido en poner voz colectiva a quienes, individualmente, las estructuras sociales les han negado en la práctica ese derecho de hacerse oír, por lo que nuestra organización, no solo hoy, sino desde hace 17 años, hemos querido ser los voceros de sus derechos y uno de los instrumentos catalizadores de sus demandas. Esta es la razón por la cual siempre hemos estimulado al colectivo dominicano en España a crear asociaciones, para que a través de sus ellas canalicen sus demandas y fortalezcan sus proyectos.

Es difícil expresar en tan corto plazo de tiempo la historia de la emigración dominicana a España. No obstante, a quienes estén interesados en conocer al colectivo dominicano en España les invito a consultar los libros publicados por nuestra organización: “Asociacionismo e Inmigración Dominicana a España", "La emigración dominicana en el tercer milenio “, "El primer Congreso de Asociaciones Dominicanas en el Mundo", y a visitar nuestra pagina web: www.vomade.net, donde encontrarán puntualmente las diversas actividades realizadas por nuestro colectivo en España.

La razón es simple: queramos o no, formamos parte de la historia de nuestro país y quien no conoce su historia está avocado al fracaso.

Dicho esto, permítanme una breve exposición de lo que representa la emigración dominicana a España, pues creo que, a pesar de todo, para muchos es desconocida, y a la vez quisiera hacer algunas puntualizaciones.

Emigración dominicana a España

En España, según cálculos extraoficiales, hay entre 100,000 y 110,000 dominicanos, distribuidos en “no nacionalizados” (57.727), “nacionalizados” (22,301) e “irregulares” (el resto) .Este censo corresponde al año 2005.

La irregularidad puede tener varias causas: falsificación de documentos, entrada irregular, pérdida de residencia por diversos motivos, tráfico de personas, matrimonios blancos, doble y a veces hasta triple documentación (esto es , tres dominicanos pueden llevar la misma documentación), etc. Según datos del Consulado General Dominicano en España, hay inscritos alrededor de 90,000 dominicanos.

¿Por qué han emigrado?

Por múltiples y variadas razones. En nuestro país se ha implantado, de un tiempo a esta parte, lo que llamo "la cultura de la huida", fundamentalmente porque las estructuras sociales existentes han creado la "cultura de la expulsión". Es por esta razón que yo mantengo y he mantenido que lo mismo que existe la figura del "refugiado político " por razones ideológicas, debiera existir la figura del "refugiado económico “, porque tanta amenaza representa para la vida la ideología como el hambre estructural.

En nuestros estudios, hemos podido comprobar, que esa “cultura de la huida” se alimenta en no pocos casos de situaciones de frustración política, como cuando Don Juan Bosch fue desposeído de su triunfo electoral o cuando al Dr. José Francisco Peña Gómez se le desconoció su victoria electoral. Es decir, que otra de las razones de peso han sido las frustraciones políticas.

No obstante eso, hay una razón sumamente importante y es la cultura machista, basada en la desigualdad, no solo de oportunidades, sino especialmente de género. Esto ha provocado que muchas de nuestras mujeres, algunas de las cuales son abuelas a los 31 años, hayan sentido acabadas sus vidas porque han agotado todos los ciclos naturales del ser humano. Han pasado por su existencia o ésta ha transcurrido sobre ellas sin darse cuenta, lo cual las ha convertido en muertas en vida. Eso ha provocado la necesidad de crear un nuevo proyecto personal de vida y lo han encontrado en la oportunidad de la emigración.

Otra de las características de nuestra emigración es que emigran las mejores, las de más iniciativa, las más arriesgadas, las que han llegado al convencimiento de que se encuentran en un país sin presente y con un futuro incierto, lo cual crea un déficit de liderazgo comunitario en aquellas zonas de donde ellas proceden, especialmente en los medios rurales.
Otra de las evidencias que nos hace ser diferentes a otros colectivos es nuestra composición. La emigración dominicana está compuesta por familias "matriparentales”, donde solo emigra el cuerpo, su fuerza de trabajo, el peso de la responsabilidad, el compromiso familiar. Pero el espíritu se ve obligado a permanecer aquí, y ésa es la razón de que cada dos días, máximo una semana, se mantenga contacto telefónico para seguir tomando decisiones rutinarias, pero vitales, para la buena marcha del hogar. Hoy toca la ropa del colegio. Mañana la hipoteca. Pasado los compromisos con el colmado. Al otro día la cita con el médico.....

¿Cómo han emigrado?

La mayor parte, en su origen, de forma "irregular”. El periodo 89-92 fue el del mayor número de emigrantes a España. Alrededor de 50,000 personas (la gran mayoría mujeres) lo hicieron al amparo de los convenios internacionales existentes entre el Reino de España y la Republica Dominicana, que les eximia del visado para entrar en territorio español, lo que les facilitaba posteriormente quedarse de forma irregular.

En el año 1994 se impone el visado y aquí es donde encuentran los traficantes de personas un filón para su enriquecimiento. Parte emigra a través de las mafias; otros, por la reagrupación familiar; no falta quien lo hace a través de los contingentes o cupos; otros, con falsificación de documentos por el sistema de los "machetes”; otros, camuflados en los viajes al Vaticano con ocasión de eventos religiosos; los hay que eligen los “matrimonios blancos”; o directamente a la prostitución…

En nuestros estudios, esto nos obliga, por razones prácticas, a dividir la emigración dominicana a España en tres etapas. La primera es la de la “clandestinidad”, entre los años 1989 y 1993. La segunda, la de la “regularización”, entre 1994 y 1998. Y, la tercera, la de la “normalización”, entre 1998 y 2002.

¿A que precio?

A veces me sorprendo de ver la superficialidad e indiferencia social con que contemplamos el dolor ajeno. La hipocresía institucional y mediática nacional priva a la estructura social de producir dolor y lágrimas para que otros vivan mejor. Esto se ve fácilmente en el tema de la emigración.

¡Cuánto dolor y lágrimas no contabilizados! La emigración dominicana a España está repleta de sufrimiento físico y psíquico. Regó con sangre dominicana el suelo español producida por unas balas racistas, dejando una madre muerta y una hija huérfana. Familias rotas en mil pedazos. Personas perseguidas como si fueran animales improductivos por el simple delito de ser seres humanos en el ejercicio de su derecho natural de poder movilizarse. Mujeres jóvenes empantanadas en el status de "sin papeles" que han tenido que seguir el crecimiento de sus hijos por fotografías, a través de cartas o llamadas telefónicas.

El año 94, cuando realizamos un vuelo chárter a la Republica Dominicana, una mujer joven de Vicente Noble, de regreso a España me decía: “Doctora, han sido las vacaciones más tristes de mi vida. Del mes que hemos estado aquí he dedicado 20 días intentando convencer a mi hija de que yo era su madre”.

Otra dominicana, esposa de un abogado inmigrante vegano, estuvo a punto de parir en mi carro porque, en España, por el hecho de ser irregular, no nos la aceptaban en ningún hospital. Un profesor odontólogo de la Universidad Autónoma se volvió loco y estuvimos toda una noche sin que nos lo aceptara ningún hospital, hasta que la solidaridad de otro odontólogo dominicano, que le recibió en casa, nos dio la oportunidad de poder enviarlo a Santo Domingo.

Otra dominicana residente en Barcelona murió asesinada por la "soledad“. En la emigración también se muere de eso. Una compañera dominicana que emigró para dar una oportunidad a sus hijos, en un año perdió a dos de Sida. Y no quiero cansarlos con más relatos trágicos, pero sí recordarles aquella canción, creo que de Mercedes Sosa, que dice: "Hay una cosa en la vida más importante que Dios, y es que nadie escupa sangre para que otros vivamos mejor".

¿Alguien se ha preocupado activamente de los dramas humanos que viven muchas familias dominicanas a consecuencia de la emigración? ¿Alguien se ha preocupado por estudiar qué pasa con los hijos de nuestras trabajadoras emigrantes? ¿Alguien ha visto que cualquiera de nuestros gobiernos haya tenido en cuenta una política migratoria que tenga entre sus objetivos la defensa del trabajo de nuestros emigrantes en relación con las remesas, para que no se quede un alto porcentaje en el camino, para asegurar el rendimiento de su inversión laboral, para garantizar sus esfuerzos y sacrificios ?

¿Alguien se ha preocupado de devolver a nuestros emigrantes el reconocimiento por su trabajo para atraer el turismo, promover el consumo de nuestros productos, conocer nuestra cultura y nuestros valores? ¿Alguien ha valorado económica y culturalmente lo que supone para nuestro país la exportación de nuestra música, nuestra gastronomía y la exportación de nuestra materia prima, promover el turismo de nuestras playas y los valores de nuestra gente?

El dolor que los emigrantes tienen que pagar, no por romper la cadena de la explotación humana, sino para que esa explotación sea menos inhumana no tiene precio. Y cualquier política migratoria, especialmente si es de izquierdas, tiene que tener la suficiente sensibilidad para tener en cuenta el dolor de los hijos de la Patria que representan, o renunciar a gobernar. El dolor de todos los seres humanos es sagrado, pero además debe ser agradecido y respetado si proviene de quien contribuye con ese dolor al desarrollo de nuestro pueblo y gracias al cual tenemos ciertas garantías de estabilidad y concordia.

¿Qué representa la emigración dominicana para España y la Republica Dominicana?

Yo voy hablar desde la experiencia, no desde la teorización, pues creo que hoy no toca. La respuesta a esta pregunta casi siempre lleva implícita una concepción economicista y la respondemos en términos económicos. De una vez echamos mano a las estadísticas y la traducimos en números. Acudimos a las remesas. Vemos que, entre pitos y flautas, las remesas enviadas desde España en dinero, en bienes y servicios, directa e indirectamente, puede representar para nuestro país alrededor de cien mil millones de dólares. Con esto creemos que la respuesta está contestada y en el fondo ésa es nuestra política de emigración.

Confundimos la mano de obra que enviamos con las personas compatriotas nuestras, que son portadoras de sueños y esperanzas para sí, para sus familias y su patria, para que al realizarse los mismos contribuyan al desarrollo de nuestro país. Y para alcanzar estos sueños tienen que pasar por mil vicisitudes y sacrificios, muchos de los cuales podrían evitarse simplemente con que tuviéramos un poco de conciencia, de voluntad política y, sobre todo, de responsabilidad patriótica y constitucional en el reconocimiento práctico de nuestra nacionalidad y en los diversos servicios que debieran dispensarse desde nuestras representaciones diplomáticas.

Cada emigrante es el embajador no remunerado más digno de nuestro país porque, entre otras cosas, lo ejerce voluntariamente y desde su conciencia patriótica y es un orgullo de la dominicanidad. Lo encuentras donde quiera que vayas; sus símbolos patrios están en su vehiculo, en su oficina, en su negocio, en su clínica, en su consulta, en las diversas actividades publicas y privadas, pero sobre todo en el corazón.

Influencias en la familia y los valores

La emigración dominicana a España, en un alto porcentaje, ha influenciado en el ámbito familiar por ser casi el único camino que había en España para entrar en el mundo laboral. Fácilmente, en 1993-1994 había 60,000 mujeres y hombres dominicanos trabajando en hogares españoles. Y si es cierto que había una relación laboral, con el tiempo, en un alto porcentaje de casos, terminó siendo una relación casi familiar. Esto trajo sinergias de todo tipo: gastronómicas, turísticas, sociales, etc.

Hubo trabajadoras del servicio doméstico que fueron expertas terapeutas, consejeras matrimoniales, pues muchas de ellas tenían mucha más experiencia y madurez que sus propias empleadoras es estos temas. En muchos hogares las empleadoras cambiaron la forma de vestir y de peinarse para hacerlo como lo hacían sus empleadas. Muchas españolas cambiaron los colores de sus ropas y su pelo. Introdujeron nuestra comida y bebida en muchos de los hogares españoles; pusieron de moda nuestra música en los lugares de ocio, llenándolos de colorido y alegría; espacios públicos que se encontraban vacíos revivieron con el bullicio y la alegría de nuestras gentes; y resucitaron valores perdidos en las sociedades desarrolladas, como son el respeto por los ancianos y mayores, que muchas veces son aparcados y abandonados como si fueran carros viejos, entre fríos parqueos de cemento que llevan el nombre de asilos.

En muchos lugares nuestras mujeres fueron motivo de diálogo puesto que el cariño que dedicaron a muchos de los niños que atendían no pocas veces llamó la atención de los educadores en los colegios. Estas mujeres entregaban a los hijos de los otros el amor y el cariño que no podían dedicar a los suyos. Nuestros emigrantes han aportado a la sociedad española valores de solidaridad que estaban abandonados y olvidados. La emigración dominicana en España ha sembrado mucho amor y ha dado mucha confianza, y es un orgullo cuando llaman los empleadores a nuestra asociación demandando por la bolsa de trabajo y nos dicen: "Por favor, que sea dominicana”.

Han venido a dar respuestas afectivas a muchas personas que vivían en soledad y han encontrado en nuestras mujeres la respuesta para solucionar sus problemas vitales. Hoy, cerca del 30% de nuestras mujeres están identificadas con un compañero español. Han dado a conocer nuestro país. Muchas de las familias donde trabajan se han decidido a conocer la Republica Dominica a través de la propaganda de sus trabajadoras. Incluso hay empleadores que han invertido en nuestro país a sugerencia de las necesidades que les han presentado sus trabajadoras.

Con esto quiero manifestarles de forma práctica que los emigrantes son mucho más que mano de obra. Son, sobre todo, personas y su incidencia en la sociedad española lleva consigo, simplemente con su presencia, aspectos económicos, pero sobre todo lleva cultura, valores, sus raíces, nuestra historia, nuestra gastronomía, nuestra música, nuestro patriotismo.

Incidencia de la emigración dominicana para nuestro país

Es verdad que tiene una incidencia económica porque es visible y hay una serie de indicadores que nos hablan de esa presencia .Casas de cemento, inversiones en tierras y en bienes de servicio, mayores medios económicos familiares y personales, mayor disponibilidad a la hora de comer o de vestir, movilidad variada, motores, vehículos, equipamiento de algunos negocios...

Esto es lo más visible, pero también hay aspectos que forman parte del ser humano que han sido integrados a la forma de ser, no solamente individual, sino también social, y que son manifestados en muchas de nuestras comunidades porque, si es verdad como decíamos antes que han emigrado las mejores, también es verdad que hay una sinergia que es de ida y vuelta, que se ve en algunas comunidades, especialmente la lucha contra el machismo social, la liberación de muchas de nuestras mujeres emigrantes que han roto con el miedo de la esclavitud sexista y, hoy, son ejemplo de la liberación contra los maltratadores familiares en sus comunidades.

Son mujeres que en la emigración han tenido la oportunidad de formarse como seres humanos y en algunos lugares han llegado a desempeñar cargos políticos, como fue el caso de nuestra vicesíndica en Tamayo. Esto lleva consigo la exportación a nuestro país de entrenamiento administrativo, capacitación profesional, el desarrollo de la iniciativa gracias a la fuerte competencia de los países desarrollados...

La emigración incide de forma permanente, positiva y negativamente, en sus comunidades para ejercer valores sociales y comunitarios. Desde la emigración se han desarrollado programas comunitarios en los cuales nuestra organización ha sido muchas veces intermediaria para el envío de máquinas de escribir, equipos médicos ordenadores, medicinas, libros para las bibliotecas, juguetes para los niños...

No obstante, en términos de país y de muchas de nuestras comunidades, existe una incidencia negativa: la fuga de muchas lideres, de cerebros de nuestras universidades, que han sido costosas para el erario público y para los impuestos de muchos contribuyentes, la frustración de muchos profesionales decepcionados por las frustraciones políticas, las rupturas familiares, la orfandad física de muchos niños y jóvenes, la ausencia de referentes y valores familiares, la perdida de raíces…

En otros términos al emigrante se le ve con ciertos criterios despectivos. Si posee algo, debe probar que no ha sido robando o cuereando que lo ha adquirido; los males del país a nivel de robos y criminalidad se los achacan a los emigrantes; no pocas veces en la prensa mediática o en programas de humor somos objeto de mofa; se nos denomina con el nombre despectivo de "dominicanos ausentes”...

La verdad es que somos un pueblo marcado por la emigración y nuestra historia está marcada por el mestizaje en el liderazgo de nuestros próceres, de antes y de ahora , cuya sangre extranjera corría por sus venas -Duarte, Rosario Sánchez, Juan Bosch, Peña Gómez, Trujillo, Buenaventura Báez, Majluta, Joaquín Balaguer-. Esto debiera llevarnos a bucear en nuestra historia y encontrar una identidad propia de dominicanidad que nos permita hacer un salto cualitativo para situarnos en el momento actual y crear políticas válidas de emigración e inmigración que nos permitieran reconciliarnos con nosotras mismos y reconocer nuestra gran patria con la suma de la diáspora, que no está ausente, sino presente en las estructuras más profundas de nuestro país.

¿Qué proponemos?

  • Una política migratoria acorde con la realidad actual, que tenga en cuenta a los emigrantes y a las organizaciones en las que ellos se agrupan, creando espacios de participación que estén alejados de sensibilidades partidistas. El año 2002, en un Seminario Internacional realizado en esta ciudad, en la conclusión nº 10, pedíamos la creación de un Consejo Nacional de la Emigración, compuesto por órganos consultivos de cada país y que nos pudiéramos reunir al menos un vez cada dos años.

  • Modernización de nuestros servicios en el exterior con personal de carrera profesional, para cuyos cargos se superen los aspectos partidistas, que representen dignamente a nuestro país y defiendan nuestros intereses de forma profesional y patriótica.

  • Creación de la figura del Agregado Laboral en nuestros consulados, en aquellos países donde haya suficiente número de emigrantes, para que se ocupe de defender los intereses de nuestros trabajadores.

  • Una política efectiva y eficaz contra las mafias que trafican seres humanos compatriotas como si fueran carne de res, especialmente con las mujeres que son captadas para la prostitución, a pesar de que ya en este campo se han hecho esfuerzos considerables y meritorios por parte de los gobiernos respectivos.

  • Dar instrucciones a nuestros consulados para que cuando deporten a uno de nuestros emigrantes por razones puramente administrativas, les reconozcan sus derechos humanos y les traten con dignidad y no como delincuentes.

  • Reiterar una petición que venimos haciendo desde hace muchos años a gobiernos de distintos signos: establecer sucursales bancarias en los países de mayor número de emigrantes e incentivar la canalización de sus remesas con incentivos de cuentas de ahorros en divisas, en vez de ser gravados, como ahora, con cargas de entre 6 y 8 puntos. Estos incentivos podrían consistir en intereses racionales en divisas, de lo cual saldría beneficiario no solamente el emigrante, sino sobre todo el país.

  • Programas de retorno, con asesoramiento en inversiones, incentivos económicos y fiscales y capacitación profesional.
    Los emigrantes no somos una carga, y menos un problema. Somos la solución. Por eso debemos realizar campañas de sensibilización que nos permitan, dentro de la pluralidad de la diáspora, enriquecer los valores de nuestro país.

Bernarda Jiménez Clemente
Presidenta
VOMADE-VINCIT